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COMU DESDE ADENTRO

Post on 19 Julio 2019

Ariel Venneri, Guadalupe Martins y Ezequiel Segura

Ariel Venneri, Guadalupe Martins, Ezequiel Segura y Alejandro Apicella formaron parte del Comité Asesor Honorario que, junto a otras personas muy identificadas con Comunicaciones, llevó a cabo un gran trabajo para evitar que el club de sus amores sea vendido y caiga en manos de gente que nada tenía que ver con los intereses de los socios.

Ariel Venneri es socio desde los tres años. De pequeño asistía con su familia al club para comer un asado los domingos y siempre estuvo vinculado a Comu realizando distintas actividades. Se empezó a interesar en las cuestiones políticas a partir del 2000, año en el cual se decretó la quiebra: “Fue un punto de inflexión para muchos por el hecho de llegar un día y ver el club cerrado. En ese momento empecé a tratar de averiguar cuál era la situación, intenté acceder a los balances pero era imposible”, recordó. Comunicaciones se salvó del cierre y la liquidación gracias a la ley que se sancionó para salvar a Racing, la cual establecía que para las asociaciones sociales y deportivas sin fines de lucro se permitía extender el plazo del período de concurso para buscar un acuerdo con los acreedores.

Por ley, el juez en lo comercial Fernando D’alessandro designó un Órgano Fiduciario, encabezado por el abogado Eduardo Fenochietto, quien se hiciera cargo de la conducción: “A Fenochietto no le importaba el salvataje del club, el manifestaba que Comunicaciones era inviable y que había que venderlo”, sostuvo Venneri.

Ariel presentó una propuesta ante el juez para demostrar la viabilidad de la institución que fue desestimada rápidamente: “Quise demostrar que con los ingresos que el club generaba, sin contraer deuda y con algunas medidas básicas que no requerían inversiones, Comunicaciones podía cubrir los gastos operativos y formular una propuesta de pago a los acreedores en un lapso de 3 años”.

En esa circunstancia, empezaron a aparecer propuestas de privados que pretendían quedarse con el predio. La primera fue del empresario Daniel Hadad, quien planteó la construcción de un microestadio dentro del club y ceder el resto de las hectáreas a los socios: “Fuimos a una reunión en la legislatura en la cual quedó claro que el club se podía recuperar y no había necesidad de liquidar el predio”, contó Venneri. Luego, Hadad retiró su oferta y apareció una similar del Gobierno de la Ciudad que también consideraba la realización de un estadio cubierto.

Es en ese momento cuando entra en juego la propuesta de Hugo Moyano, la cual contemplaba pagar la deuda, que era de 7 millones de pesos, y a cambio quedarse con todo el predio cuyo valor superaba los 100 millones de dólares según la estimación del Ministerio de Hacienda de la Ciudad realizada en 2007. Venneri explicó claramente que esta proposición implicaba la venta de club a un precio vil: “De manera engañosa, mostraba una supuesta inversión futura en el predio que no podía tomarse nunca como parte de su valor cómo se pretendía, ya que en todo caso sería una inversión sobre un bien propio, no en beneficio de los acreedores o los socios”.

Aún con todos esos argumentos, el juez falló a favor de la oferta de la Mutual de Camioneros: “La excusa era que el club no era viable dadas las condiciones económicas. Se quería redestinar un espacio en el corazón de la ciudad que vale una fortuna para cierto fin que otorgue dinero a un privado”, expresó Guadalupe Martins, quien fuera dirigente de Béisbol de la institución hasta el año 2013. Respecto de la decisión de otorgarle el club a Moyano Ezequiel Segura, presidente de la Subcomisión de Fútbol desde la década del 80 y socio desde los cinco años de edad recordó: “Fue muy duro porque era un fallo en el que sabíamos que no teníamos muchas armas para luchar contra un poder tan grande”. Ante este panorama, no se quedaron de brazos cruzados y empezaron a buscar distintas alternativas para apelar el fallo: “Comenzamos a hacer distintas presentaciones y a mover cielo y tierra. Caminamos por la cámara, fuimos al juzgado hasta llegar a las esferas del Gobierno Nacional. Por suerte, nos escucharon y les hicimos saber a los camaristas que lo que se estaba haciendo con el club era una incoherencia total”, contó Segura.

“Vivíamos todo el tiempo adentro de la legislatura. Escribíamos proyectos, los presentábamos ante los camaristas, los corregíamos y los discutíamos en el club. Buscando en el archivo encontramos una ley que decía que la concesión del terreno era con fines deportivos, sociales y culturales y no podía cambiarse porque era una ley de la Nación”, manifestó Guadalupe.

Finalmente, en agosto de 2012, la Cámara Nacional de Apelaciones revirtió el fallo que le concedía el club a Moyano: “En ese instante sentimos una alegría enorme porque estuvimos realmente a punto de perder todo. La verdad es que veníamos con una sensación de mucha impotencia e injusticia porque hasta ese momento nadie nos escuchaba”, recordó Segura.

El 7 de marzo de 2013, D’Alessandro designó a Jorge Rapaport como gerente deportivo y, a su vez, clausuró Comunicaciones alegando falta de seguridad. A partir de este hecho, hubo muchas manifestaciones y movilizaciones por parte de los socios que incluyeron la toma del club: “El plantel entrenaba en una plaza o nos prestaban un predio en Ezeiza. Cada actividad tuvo que rebuscárselas como pudo. Por suerte nos repusimos y Comu pudo reabrir sus puertas de a poco”, declaró Ezequiel.

Casi dos meses después, el juez levantó la clausura y nombró a Héctor Urueña y Carlos Lazzatti para que conformen el nuevo Órgano Fiduciario junto a Rapaport. A partir de ese momento, las cosas se empezaron a encauzar gracias a la buena comunicación entre el nuevo Órgano y los socios: “Ellos nos escucharon y nosotros a ellos, del debate surgieron buenas ideas. El club hoy puede estar así producto de esa mancomunión que se logró entre ambas partes”, expresó Segura.

Más tarde llegó el acuerdo con AUSA para construir el paso a nivel sobre la Av Beiró que permitió generar los recursos para afrontar la quiebra, hacer obras y mejorar la infraestructura deportiva: “Al principio, este proyecto era inviable porque sobre esa traza pasa un caño maestro de Aysa que no se podía mover. Por suerte se solucionó con la cesión de una pequeña franja del club y de la Facultad de Agronomía. Tuvimos que ir especialmente a hablar con el rector de la universidad para que firme el convenio”, recordó Venneri.

En relación a este tema, Segura hizo hincapié en la mejora de las instalaciones: “Se pudieron poner en valor un montón de sectores del club que estaban prácticamente abandonados. Se entró en un círculo virtuoso dónde se fueron potenciando los recursos”.

Por último, Ezequiel expresó su deseo de cara al futuro: “esperamos que el club se pueda normalizar, levantar la quiebra y entrar en un proceso de elecciones dónde todos podamos participar. Estamos en un buen momento institucional para dar ese paso”, concluyó.