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UN EMBLEMA DEL.BASQUET DE COMU

Post on 02 Agosto 2019

Alberto Tartaglia o “Tano”, como todos lo conocen, tiene 85 años de vida y 59 de socio. Desde joven iba al club todos los fines de semana con sus hijos y su mujer, quien pertenecía al sindicato de correo. Su hijo más grande, Fabián, empezó a jugar al básquet en la sede que Comunicaciones tenía antiguamente en Las Heras y Malabia, dónde permaneció en todas las divisiones -desde Premini hasta Veteranos- con excepción de un año en que el club retiró la Primera.

“Fabián jugaba muy bien y a los 16 años ya formaba parte del equipo de Primera. Mi otro hijo llegó hasta juveniles y no quiso competir más. Ahora, mi nieto Ignacio -hijo de Fabián- juega en juveniles y a veces va al banco de la Primera. Siempre lo voy a ver, tiene un estilo muy parecido al padre. Ya somos tres generaciones de Tartaglia en el club”, comentó el Tano.

Alberto recordó el momento en el cuál empezó a involucrarse más de lleno con la actividad: “En esa época (década del 70) había como 100 chicos en cada entrenamiento. Cómo eran muchos y había un solo técnico, me puse a ayudar: les preguntaba que necesitaban, les llevaba agua y, aunque si alguno se portaba mal me hacía el malo, me terminaron queriendo todos”.

Hoy en día, el Tano sigue ligado a la disciplina pero sin estar involucrado en cuestiones políticas. Supo ser presidente de la Subcomisión durante muchos años: “Había un señor de la vieja Comisión Directiva que era encargado del básquet que me convocó porque yo iba a todos los partidos y me interesaba por la actividad, luego renunció y me nombraron a mí como presidente”.

Tartaglia, quien supo ser Oficial de Mesa durante muchos años rememoró cómo era la vieja cancha de básquet: “El gimnasio actual no tenía paredes ni techo, era todo abierto. En invierno traíamos tachos grandes y prendíamos un fuego para que los chicos no se mueran de frío”.

De a poco, junto con gente ligada a la actividad, fueron armando la estructura del estadio: “Empezamos a levantar las paredes lentamente. A veces negociaba con el club para que me diera pintura y ladrillos y yo traía algunos albañiles de la obra en la que trabajaba para que nos ayuden”.

Desde el año 2015, el gimnasio de básquet lleva su nombre: “En mi vida soñé que a alguien se le ocurriera semejante reconocimiento, me parece que es mucho”. Y recordó cómo vivió ese momento tan especial: “Era un día de partido, me dijeron: ‘Tano no vayas a fallar que para el encuentro de juveniles tenés que hacer la mesa’. Llegué y ví a varios ex jugadores del club. Cuando terminó el partido de Infantiles, se juntaron todos, me pidieron que me de vuelta y ahí ví mi nombre en la pared. Estaba muy emocionado, dije unas palabras y luego me dieron una plaqueta”.  

El Tano es muy querido, en especial por las personas que están relacionadas con el básquet: “Hace poco hicimos un campeonato de veteranos y me quería morir con todos los chicos que volví a ver, me agarraban y no me soltaban. Estoy contento de venir al club y que todos me saluden. Soy muy agradecido a Comu y a la gente por el cariño que me brindan, que es lo mejor que me llevo de la vida”.

Para finalizar, se refirió al gran presente de la institución: “La gente de los otros clubes me habla de lo bien que está Comu y para mí eso es un orgullo. Algunos nos cargaban porque teníamos un solo gimnasio, ahora tenemos cuatro. Siguiendo por este camino, el club va a volver a ser grande. Estoy contento de cómo se encuentra y con la gente que está ahora”, concluyó.